BALANCE Y PERSPECTIVAS DEL PROCESO DE CAMBIOS LATINO-CARIBEÑOS

27.07.2015 05:12

1.-Desde finales del siglo XX, América Latina y el Caribe han sido escenarios de una cuarta oleada de cambios políticos, sociales y culturales en dirección al rescate de la independencia, la modificación de las instituciones estatales (en el sentido de más democracia y participación popular) y las transformaciones sociales progresivas; expresándose ésta con diferentes grados de radicalidad por países, luego de un largo periodo de resistencia sociales, incremento de las luchas de clases y formidables protestas populares en toda la región.

2.-Es la cuarta oleada, si situamos la primera a finales de los años 50 y principio de los 60 (a raíz de la victoria de la revolución cubana y su formidable  onda expansiva), la segunda en ocasión de la victoria de Salvador Allende y la Unidad Popular y los cambios positivos de la correlación de fuerzas en el Cono Sur, y la tercera en el contexto de la revolución sandinista y el auge de las insurgencias centroamericanas, especialmente en El Salvador y Guatemala.

3.-Se trata de una  oleada de cambios, considerablemente extensa y accidentada, todavía inconclusa;  desatada inicialmente por el zapatismo insurgente en Chiapas-México y, sobre todo, por la insumisión cívico-militar bolivariana en Venezuela, rápidamente convertida en la primera gran victoria política mediante la conquista del gobierno por vía electoral por el Movimiento V República liderado por Chávez, los avances del proceso constituyente y la transformación del carácter del Estado venezolano. 

Todo esto en medio de la debilitada hegemonía del neoliberalismo, que rápidamente siguió siendo erosionada mas allá de las fronteras venezolanas por las insurgencias político-sociales en Ecuador, Bolivia y Argentina, seguidas de importantes victorias populares y triunfos electorales en esos países y de notorios avances del progresismo en Brasil, Chile, Uruguay, y más tarde en Paraguay.

4.-Su epicentro se ubicó  en el Norte de Suramérica, con flujos expansivos en dirección primero hacia el Sur profundo y luego hacia a Centroamérica (victorias Nicaragua, Honduras, El Salvador…), produciendo, en comparación con el pasado, un cambio significativo en la correlación de fuerzas a favor de la independencia continental, de reformas y transformaciones de corte anti-neoliberal con variadas profundidades, en algunos casos acompañada de una proclamada  vocación revolucionaria.

5.- Esa oleada -en la que se ha expresado una intensa y tortuosa dialéctica entre reforma y contra-reforma, y entre revolución y revolución, a lo largo de tres lustros- empalmó con la permanencia de la revolución cubana y con la heroica y persistente insurgencia armada colombiana, conformando una situación distinta y mucho más promisoria, tanto a nivel de la autodeterminación, las alianzas y confluencias de Estados y gobiernos no controlado por EEUU y por los centros imperialistas tradicionales, como por un creciente flujo de las luchas populares y un elevado anhelo de cambio de los pueblos, acompañado de mayores niveles de conciencia política y de su capacidad ofensiva.

Creció el antiimperialismo y el proceso bolivariano en Venezuela, que con la audacia intelectual del comandante Chávez, catapultó, reactualizó y renovó la pertinencia del anti-capitalismo y de la alternativa socialista a escala continental y mundial,  contrarrestando el impacto en sentido contrario del derrumbe del llamado socialismo real y de la desintegración de la URSS y el bloque euro-oriental  pro-soviético.

Ante este proceso transformador, como contrapartida contra-revolucionaria, contra-reformadora y negadora de soberanía -también con altibajos y mezclada con rejuegos tácticos- Washington ha desatado una activa y multifacética contraofensiva estratégica en combinación con las derechas sociales y políticas del Continente, estimulando a la vez el resurgimiento de corrientes neo-fascistas.

6.- La contraofensiva imperialista -derrotados sucesivamente el intento de Golpe de Estado y el paro petrolero en Venezuela, así como  los primeros planes desestabilizadores en Bolivia y el golpe policial en Ecuador-  se concretó en el criminal golpe de estado en Honduras, en el reforzamiento de la ocupación militar en Haití, en la imposición del el fraude electoral a favor de la derecha mexicana; en los triunfos de las fuerzas conservadoras en Chile, Costa Rica, Panamá, Guatemala… y el golpe institucional en Paraguay, vertido posteriormente hacia una urnas amañadas.

A estos hechos y resultados le siguieron sucesivos programas desestabilizadores, cargados de violencia, contra el proceso bolivariano en Venezuela, que tampoco lograron prosperar a plenitud ni provocar el retroceso planeado.

Perú, con Ollanta Humala, pese a las expectativas de progresismo que generó inicialmente, volvió a girar al centro-derecha, incorporándose al bloque reaccionario de la Alianza Pacífico integrado por EEUU, Colombia, Chile, México y Perú.

 

7.- Así, en el campo de la hegemonía neoliberal, de la subordinación esencial a EEUU, de la corrupción y narco-corrupción rampantes, de la dominación de la oligarquía capitalista, el autoritarismo y la represión –también con peculiaridades, manejos diferenciados y contrastes pronunciados- se sitúan los regímenes de México, Guatemala, Honduras, Panamá, Chile, República Dominicana, Puerto Rico (al que se agrega su prolongado estatus colonial), Haití, Jamaica y otros países caribeños…

Entre ellos se destacan los casos de Colombia, Honduras y Haití. Este último intervenido y desbastado en medio de ominosas complicidades intervencionistas imperialistas y latinoamericanas; con excepciones honrosas plasmadas en la generosa solidaridad venezolana, cubana y ecuatoriana, no comprometida con la intervención estadounidense y la MINUSTHA.

Los Estados o  Gobernaciones de esos tres países se han convertido en verdaderos engendros de la recolonización, la narco-corrupción, la intervención gringa y el terrorismo de Estado; lamentablemente no enfrentados debidamente por una parte de la fuerzas gobernantes de las naciones  avanzados del continente y de las izquierdas social-reformistas, algunas de las cuales paradójicamente ayudaron en el pasado reciente a meter a  Colombia y Honduras en la profundidad del hueco, así como a reforzar y legalizar la intervención imperialista en Haití, debilitando la solidaridad para con las heroicas luchas de sus pueblos, que en casos como el hondureño y el colombiano, han desplegado combates ejemplares.

Respecto al  régimen de Colombia, incluidas las administraciones de los presidentes Álvaro Uribe y Manuel Santos, hay que agregar su rol de peón exportador de la política de contrarreforma y contrarrevolución estadounidense e israelí, de su experiencia paramilitar, de su guerra sucia, su dinero sucio y su horrenda vocación criminal,  hacia los países más cercanos de Suramérica, Centroamérica y el Caribe, en mayor escala cuando encuentra receptividad de sus gobierno como sucede en Honduras, Haití y República Dominicana.

8.- En sus principales componentes y sus dinámicas fundamentales este proceso contradictorio hacia la nueva independencia, no ha podido ser revertido significativamente con esos contra-ataques.

 Las agresiones imperialistas-derechistas tampoco han podido aplastar la resistencia y la voluntad de cambio de nuestros pueblos, la que a continuación se ha expresado en numerosos combates sociales; mientras el curso progresista de los procesos en Nicaragua, Brasil, Uruguay, Argentina Venezuela, Bolivia, El Salvador, aunque con descenso e incremento de riesgos de retroceso en algunos de estos países… fue nueva vez confirmado en las urnas; mientras  además continuaron avanzando los procesos integradores a través del ALBA, UNASUR Y CELAC, cada uno con su propio impronta.

 No fue revertido, pero si frenado, lentificado en no pocos componentes de la oleada y en no pocos factores del progresismo continental.

9.-Luego, esporádicamente, se ha presentado nuevas expresiones de esa corriente.

Volvió al gobierno de Chile la Concertación Democrática y la presidenta Michel Bachelet, desplazando otra vez la extrema derecha desde un posicionamiento socialdemócrata.

Igual se escenificaron cambios progresivos a nivel gubernamental en Costa Rica y Panamá, con la victoria de candidatos presidenciales y movimientos no preferidos por EEUU y las derechas tradicionales de esos países.

10.- En otro orden también tuvo lugar un fenómeno revolucionario de gran valor y trascendencia.

En Colombia, la insurgencia armada, integrada por las FARCF-EP y el ELN, y la resistencia civil de las fuerzas sociales y políticas alternativas, derrotaron el Plan Colombia y el Plan Patriota contra todos los malos augurios de los voceros de la guerra sucia y del Estado terrorista, debilitaron la extrema derecha uribista, impusieron el actual proceso a favor de una salida política al conflicto social armado y le abrieron cauce a los Diálogos de Paz de la Habana entre FARC-EP y Gobierno; aproximando los cambios hacia una nueva Colombia, desde una correlación de fuerzas militares, políticas y sociales más ventajosa.

Ese proceso -en el que la firmeza y el ascenso insurgente se combinan con el auge de diversas luchas sociales- el fortalecimiento de nuevos movimientos políticos-sociales, el crecimiento electoral de fuerzas de centro-izquierda, el auge del movimiento pro-paz con justicia social y soberanía, y la existencia de vanguardias revolucionarias integrales con gran capacidad articuladoras, presenta una dinámica transformadora ascendente muy promisoria para contrarrestar la tendencia al estancamiento y al retroceso de la oleada regional en sus expresiones gubernamentales.

11.-Parecida potencialidades tienen las luchas de los/as de abajo  en el Continente: las periódicas y variadas protestas de los/as explotados/as, excluidos y oprimidos/as, y sectores intermedios, contra los desastres sociales, ambientales y morales provocados por la prolongada era neoliberal del capitalismo, allí donde domina la derecha monda y lironda; así como por las insuficientes respuestas desde el denominado progresismo desde regímenes de centro izquierda y desde procesos que se han estancado o retrocedido parcialmente.

Los movimientos masivos anticorrupción y contra la impunidad han conmovido recientemente las sociedades brasileña, hondureña y guatemalteca. Por igual la gansterizaciòn del Estado mexicano en alianza con las narco-mafias ha generado indignaciones masivas.

Crece desde abajo la lucha por la vida, contra la voracidad destructiva minero energética, la contaminación, la precarización del trabajo y el empleo, el empobrecimiento humano y ambiental, la criminalidad policial-militar, la falta de democracia, las discriminaciones, la violencia de género, el racismo, la xenofobia, la homofobia, el Estado y las partidocracia corrompidas; contra las bases militares gringas, la sobre-explotación, la violencia contra niños y jóvenes y la criminalización de las protestas…

Crece el combate en muchos puntos del continente por la soberanía y la participación del pueblo en las decisiones.

La ola a veces se estanca arriba y brota de nuevo desde abajo. Toma cauces políticos inconsecuentes y luego se sale de ellos para expresarse como descontento y exigir profundización o radicalización de los cambios frenados.

12.-Vista esa realidad es evidente que en la vertiente reformas vs. contra-reformas dentro de la nueva oleada de cambios continentales, los avances de las primeras son tan notables que han cambiado el mapa político latino-caribeño en detrimento del viejo dominio burgués-imperialista, de la vieja partidocracia y la nefasta hegemonía neoliberal; a favor de procesos reformadores (algunos con vocación antiimperialista y revolucionaria) o de regímenes reformistas (con moderado posicionamientos independientes).

En una gran parte de los casos puede apreciarse la presencia determinante de nuevos sujetos políticos y sociales en función de Estados, unos con las viejas instituciones casi intactas y otras con nuevas instituciones entremezcladas con viejas. Diversas son las correlaciones de fuerzas en lo relativo a los llamados poderes temporales y permanentes de sus respectivos Estados y sociedades, y disímiles sus direcciones políticas, partidos y movimientos en la gestión de  cambios y avances enmarcados dentro de un curso predominantemente progresista o reformador, sin rebasar el capitalismo.

Esto se reflejó incluso en la reciente CUMBRE DE LAS AMERICAS, en la que EEUU recibió fuertes reveses en temas como el venezolano y el cubano, viéndose forzado como imperio a recular en el caso venezolano luego de haber aceptado el proceso hacia la normalización de las relaciones con Cuba y de concentrarse en la desestabilización del proceso bolivariano bajo el absurdo de acusar a Venezuela de constituirse en una “amenaza para la seguridad estadounidense”.

13.- Pero si bien es cierto ese balance favorable para los pueblos en la controversia reformas y contra-reforma, no pasa así en cuanto a las potencialidades para realizar nuevas revoluciones anticapitalistas, salvando la dinámica y la perspectiva colombiana.

La realidad presenta, todavía como resultado inconcluso, un balance precario en lo relativo a la dialéctica a favor de las revoluciones de orientación socialista.

Las transiciones en los procesos que su despliegue estelar proclamaron su vocación revolucionarias, que se definieron como revoluciones de nuevo tipo o que incluso proclamaron el camino de un socialismo renovado y adecuado al presente siglo (Venezuela, Bolivia, Ecuador…), aun con trascendentes logros sociales, ensayos de participación comunitaria, conquistas democráticas, avances en el desmonte del neoliberalismo y recuperación de soberanía; aun con sus certeras críticas y puntuales acciones contra sectores del gran capital imperialista y local, no han  logrado avanzar significativamente hacia la abolición del capitalismo privado, ni hacia la socialización de la parte estatizada; menos aun hacia la socialización del poder en términos integrales.

14.- En la línea de la contra-reforma y la contra-revolución, la contraofensiva imperialista ha logrado revertir totalmente procesos como el hondureño y el paraguayo hacia la fascistización, contener en otros casos la vocación por reformas transformadoras en favor de posiciones simplemente reformistas; estancar y hacer retroceder parcialmente   procesos promisorios como el venezolano a través de los diálogos y concertaciones con las cúpulas derechistas y empresariales presionados por las guarimbas, y  frenar tendencias revolucionarias en la conducción de una parte de los países con actitudes autónomas.

Esto ha sido así sin que ese contra-taque imperial haya logrado conjurar los riegos de levantamientos populares radicales en caso de optar por nuevas y más radicales imposiciones y agresiones imperiales, y sin que su persistente reacción haya podido revocar la corriente mayoritaria hacia la superación de la tutela imperial estadounidense y hacia el avance de la segunda independencia, expresada en grados diferenciados a través del ALBA, UNASUR, CELAC y presente hasta en el seno de la cumbre americana. La debilidad del imperio en crisis no le posibilita salirse siempre con las suyas.

Mas allá de esos hechos contradictorios, en América Latina asistimos a un proceso de crisis muy profundo; donde convergen procesos transformadores, más o menos estancado o en descenso, progresismos declinantes junto a neoliberalismos integralmente degradados, como pasa en Colombia o México; conformando un panorama común de pérdida de legitimidad del poder político, avances de grupos económicos saqueadores y activismo imperialista cada vez más fuerte.

A este panorama sombrío es necesario incorporar elementos esperanzadores sin los cuales no podríamos empezar a entender lo que está ocurriendo. Por debajo de las jugarretas políticas, los negocios rápidos y las histerias fascistas, aparecen las protestas populares multitudinarias, la persistencia de izquierdas no cooptadas por el sistema (más allá de sus perfiles más o menos moderados o radicales), y la presencia de insurgencias incipientes o poderosas (como en Colombia).

Ni los cantos de sirena progresistas ni la represión neoliberal han podido hacer desaparecer o marginalizar completamente a esos fantasmas. Realidad latinoamericana-caribeña que preocupa a los estrategas del Imperio que temen que lo que ellos consideran como su inevitable arremetida contra la región pueda desatar el infierno de la  insurgencia continental. En ese caso el paraíso de los grandes negocios podría convertirse en un tembladera donde se hundiría el conjunto del sistema. 

15.- En cuanto al accionar general de EEUU como imperio inmerso en su guerra global y  como sistema decadente, es preciso entender que no se trata simplemente de un plan a favor de una “restauración conservadora” del neoliberalismo, como piensan algunos defensores de los avances logrados; si no de una firme determinación a favor de imposiciones contra-revolucionarias, e incluso contra-reformistas, altamente traumáticas, fuertemente impregnadas de una suerte de neofascismo y de agresiones destructivas de imprevisibles consecuencias, que a su vez podrían  generar intensas insubordinaciones populares, especialmente en casos como los de Cuba. Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Y esas perspectivas de resistencia y ofensiva de los sectores populares beneficiarios de las conquistas alcanzadas y proclives a radicalizarlas, motivan periódicos reajustes tácticos dentro de esa estrategia imperial.

Eso explica el paso dado por Obama respecto a Cuba, el respaldo del gobierno estadounidense a la política del Presidente Santos respecto a los diálogos de paz con las FARC-EP y el reciente repliegue e inicio de conversaciones con el gobierno de Nicolás  Maduro,  luego de encontrar una amplia y diversa resistencia continental al componente guerrerista y subversivo de su estrategia; temporalmente atenuada en esos casos.

16.- En ese contexto los gobiernos de Cuba y EEUU anunciaron a través de sus respectivos presidentes un proceso de restablecimiento y normalización de relaciones entre ambos Estados.

Hace 53 años el imperialismo estadounidense optó por una política de cerco, agresión y bloqueo a la Revolución Cubana, que se ha traducido en enormes daños y perjuicios para ese hermano país y su heroico pueblo.

Ahora, el gobierno de Barak Obama, camino a ser desplazado, ha decidido cambiar de política cuando la actual luce agotada e ineficaz para lograr la completa revocación contrarrevolucionaria de ese proceso caribeño,lo que implica una victoria de Cuba.

EEUU recula, claro está, para posiblemente emprender otro tipo de contraofensiva, a su entender más eficaz; contando además con las presiones empresariales internas que ambicionan entrar al ya abierto mercado cubano y aprovechar su ley de inversiones extranjeras;  dando por descontado que el mal mayor causado por el bloqueo a Cuba ya se produjo y Cuba resistió heroicamente.

Ese  giro en la política estadounidense respecto a  Cuba, si bien implica una importante victoria táctica de David frente a Goliat,  no indica un cambio de esencia ni el inicio de una fase más moderada en la política de ese imperio, sino modalidades temporales de acción que procuran hacer avanzar el capitalismo privado y la economía de mercado en ese país hermano, debilitar las tendencias socialistas y antiimperialistas y, eventualmente, mellar la soberanía cubana y favorecer un modelo político seudo-democrático; sin renunciar a la subversión violenta.

La dirección histórica de ese proceso ha respondido con mucha dignidad en defensa de su autodeterminación y tiene por delante los desafíos que encierra esta nueva fase de sus relaciones con EEUU.

17.-Igual puede decirse del nuevo giro de EEUU y de la gran burguesía local  frente al proceso colombiano, que persigue la desmovilización de la insurgencia y la paz sin cambios sustanciales, procurando aislar y golpear a Venezuela para producir otros retrocesos en cadena; por lo que la aparente distención estadounidense respecto al gobierno de Maduro, además de procurar concesiones que debiliten su beligerancia antiimperialista,  luce ser un recurso político momentáneo que no implica anulación el plan agresivo recientemente replegado.

A los retos históricos se agregan nuevos desafíos políticos, ciertamente insoslayables.

18.- Situaciones así no son comunes. Ellas se presentan en determinados periodos históricos y ofrecen oportunidades excepcionales para la fuerzas con vocación  transformadora y determinación de ruptura del orden, más bien del desorden, dominante.

 Hay señales de que el capitalismo actual no está en condiciones de salir por ahora de estas crisis, pero sí está claro que ella tiende a empeorarse y complicarse, con evidente perspectivas de rebeliones crecientes, por lo insoportables y agobiantes que resultan sus efectos del capitalismo y el imperialismo actual contra la dignidad  humana y la vida en el planeta.

Estamos ante una crisis posiblemente terminal de la civilización burguesa, aunque vale decir que las crisis por si solas no producen revoluciones, aunque éstas formen parte de sus precondiciones.

No hay, por demás, países “blindados” respecto a esa perspectiva, incluidos aquellos cuyos movimientos de resistencia exhiben mayores dificultades para repuntar.

En tales circunstancias, para que las perspectivas revolucionarias puedan ser mejores en nuestra América y el mundo es imprescindible promover las justas indignaciones y rebeliones que esta crisis sistémica genera; apoyarlas, participar en ellas, hacerlas crecer y desde ellas construir nuevas fuerzas y propuestas transformadoras-alternativas vía creación de conciencia y organización con capacidad articuladora y conductora.

Al MCB le toca auto-transformarse y relanzarse  con esa lógica… hasta convertirse en un espacio de construcción de la internacional antiimperialista y anti-capitalista de estos tiempos, asumiendo los grandes ejes de movilización y  confrontación con este sistema en crisis mayor.

19.- En todos estos procesos-desafíos, los déficits en las definiciones o en la ejecución de estrategia innovadoras hacia el socialismo, en la actualización de las transiciones revolucionarias, en la construcción de poder popular, en  la conformación de vanguardias de nuevo tipo,  en el rol de las fuerzas revolucionarias y de los Estados y gobiernos, en las garantías de des-burocratización, en las formas progresivas de reducción del poder del Estado a favor del poder de la sociedad; en los déficits en  las políticas de seguridad y defensa militar antiimperialista desde los nuevos Estado a implantar o establecido, y desde el pueblo; en el ejercicio consecuente de un renovado internacionalismo revolucionario… son déficits muy evidentes, aunque no uniformes ni idénticos en cada caso.

Resalta -cruzando y causando en cierta medida estos déficits- la cuestión de las ausencias, las precariedades y/o la dispersión de las vanguardias o fuerzas de conducción de las nuevas revoluciones, capaces de luchar en todos los escenarios y desplegar todas las formas de lucha, violentas o no violentas, necesarias para vencer la reacciones políticas y militares de las fuerzas dominantes.

La oleada ha resultado revolucionaria en lo relativo a la insumisión de los/as de abajo y a la posibilidad de desplazar a los de arriba. Pero no en cuanto a la necesaria presencia en esos procesos de pensamientos transformadores coherenciados, ni de consistentes estrategias revolucionarias socialistas, ni de organizaciones políticas o político-sociales cualificadas para y  articular  las multifacéticas indignaciones y rebeldías de los diversos movimientos y sujetos sociales potencialmente anticapitalistas.

Falta desarrollar a niveles más altos los factores cualitativos, articuladores y conductores de las transiciones revolucionarias y de la construcción de los nuevos poderes a nivel de sociedad y Estado, en tanto conciencia y organización surgidas de las formidables experiencias acumuladas por la humanidad a lo largo de los siglos XX y XXI.

Están pendientes –en grado y circunstancias variadas- de conformarse las nuevas vanguardias revolucionarias colectivas o fuerzas conductoras de los nuevos procesos revolucionarios en esta etapa del capitalismo, junto a sus respectivas direcciones revolucionarias legitimadas democráticamente por bases populares activas.

Urge detectar y hacer confluir en cada país, continental y mundialmente a todos los actores políticos, sociales y culturales con condiciones, aun embrionarios, para crear esas fuerzas conductoras y articuladoras de las crecientes rebeldías populares del presente.

20.- Esto nos exige combate de calle, democracia de calle, iniciativas audaces, para  convertir la indignación en movilización activa, en rebeldía, en insumisión y desobediencia civil cada vez más generalizada; sin dejar de enriquecer constantemente la propuesta estratégica de una sociedad en que prime la solidaridad humana, la igualdad de derechos y oportunidades, y el bienestar colectivo

 Tengamos presente además los desafíos que plantea la amenaza de la llamada guerra antiterrorista global y sus puntuales guerras preventivas a cargo de un imperialismo altamente militarizado que se propone controlar como sea todos los recursos naturales en medio del caos. Preparémonos para los desafíos que exige enfrentar esa estrategia destructiva.

Pensemos por tanto la lucha en nuestros respectivos países en relación con esta América rebelde y este mundo convulsionado.

Pensemos nuestro proceso en sus vínculos indisolubles con un proceso mundial signado por el declive del capitalismo senil y la necesidad del rearme y la emergencia de una renovada propuesta socialista-comunista, capaz por sus atractivos, su capacidad de generar pasión revolucionaria y por su  justeza científica, de fundirse con las nuevas indignaciones  multitudinarias y la insurgencia global.

 

Narciso Isa Conde

 

18-06-2015, Nuestra Amèrica.

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